La Niña: el riesgo económico oculto tras El Niño
La Niña podría causar daños económicos mundiales mayores que El Niño, especialmente al impulsar el aumento de los precios de los alimentos. Así lo sugieren las investigaciones de los economistas Gilles Dufrénot, William Ginn y Marc Pourroy, presentadas por el CNRS. Sin embargo, esta fase fría del Pacífico ecuatorial sigue siendo menos estudiada que su conocida contraparte cálida, aunque ambos fenómenos alteran periódicamente la producción agrícola mundial.
Hay algo paradójico en nuestra forma de contemplar las catástrofes climáticas: prestamos atención a las que acaparan titulares, pero mucho menos a las que pueden afectar de manera duradera nuestro poder adquisitivo. El Niño tiene un nombre conocido, una historia y evaluaciones económicas espectaculares. La Niña, en cambio, avanza casi inadvertida. ¿Y si esa diferencia de atención nos impidiera comprender parte del riesgo alimentario mundial?
¿Por qué La Niña podría resultar más costosa que El Niño?
Para comprender el problema, primero hay que abandonar una idea engañosa: La Niña no es simplemente un El Niño invertido cuyas consecuencias económicas serían automáticamente opuestas.
Ambos forman parte de un mismo sistema climático, la oscilación del sur de El Niño, conocida generalmente por las siglas ENSO. Este sistema se basa en variaciones de la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial, acompañadas de cambios en las condiciones atmosféricas. El Niño corresponde a la fase cálida y La Niña a la fría. Estas alteraciones pueden modificar las precipitaciones y las temperaturas mucho más allá del océano Pacífico.
Según el CNRS, El Niño suele repetirse con una periodicidad de entre dos y siete años. Por su parte, Coface describe una recurrencia histórica de los fenómenos ENSO de aproximadamente dos a tres años. Estas cifras no constituyen calendarios exactos: sobre todo recuerdan que las economías agrícolas afrontan regularmente estas variaciones climáticas.
El verdadero cambio de perspectiva procede de los trabajos de Gilles Dufrénot, William Ginn y Marc Pourroy. Al estudiar las consecuencias económicas de ambas fases, estos investigadores identificaron un riesgo infravalorado durante mucho tiempo: la fase fría podría afectar a la economía mundial con más fuerza que la cálida, especialmente a través de los precios alimentarios.
No obstante, hay que distinguir el resultado de la investigación de su explicación completa. La información publicada por el CNRS establece esta comparación, pero por sí sola no permite identificar con precisión los mecanismos responsables de un impacto mayor. Afirmar que La Niña destruye sistemáticamente más cosechas o que siempre provoca una inflación más intensa iría más allá de lo demostrado.
Mi interpretación es más bien esta: el fenómeno más espectacular no es necesariamente el que provoca el mayor impacto económico. La gravedad de una perturbación también depende de la exposición de las economías a ella. Es una distinción esencial para comprender las fluctuaciones de los precios agrícolas.
¿Cómo llega un cambio de temperatura en el Pacífico a nuestra cesta de la compra?
A primera vista, las temperaturas del océano Pacífico y el precio de un paquete de café comprado en Francia parecen pertenecer a mundos distintos. Sin embargo, pueden estar conectados mediante una cadena de dependencias económicas.
El primer eslabón es climático. Una anomalía oceánica influye en los patrones atmosféricos y puede modificar las condiciones de lluvia, sequía o calor en distintas regiones del mundo. El segundo eslabón es agrícola: los cultivos son sensibles a estas condiciones meteorológicas y las cosechas pueden resentirse. El tercero afecta al abastecimiento y, eventualmente, a los precios.
Coface señala que las fases El Niño y La Niña pueden influir en la producción agrícola mundial. Estos efectos no son necesariamente uniformes: un cambio climático que perjudica determinadas producciones también puede generar condiciones más favorables en otros lugares.
Por tanto, sería incorrecto presentar La Niña como una máquina que provoca sequías, escasez e inflación en todas partes. El problema es más sutil: las alteraciones no se distribuyen por igual entre los territorios y sus consecuencias económicas dependen de las producciones afectadas.
El precio mundial de los alimentos no refleja únicamente lo que produce el planeta. También expresa la fragilidad del equilibrio entre las regiones productoras y aquellas que dependen de su abastecimiento.
Esta observación ayuda a entender por qué medir únicamente la intensidad de una anomalía climática no basta para prever sus repercusiones sobre los consumidores. Una perturbación meteorológica y otra económica no se miden con los mismos instrumentos.
Trigo, café y cacao: ¿qué alimentos conviene vigilar realmente?
El trigo, el café y el cacao representan tres categorías de productos alimentarios cuyos precios interesan directamente a los consumidores. Pero no debemos atribuirles respuestas idénticas a los episodios de La Niña sin datos que lo demuestren.
El trigo: la cuestión de las cosechas
El trigo es un ejemplo especialmente claro de la relación entre clima y alimentación. Si las condiciones meteorológicas se vuelven desfavorables en una zona productora, la disponibilidad de las cosechas puede verse afectada. Sin embargo, las consecuencias sobre los precios dependerán de numerosos factores económicos y agrícolas.
Los datos disponibles no permiten señalar una región productora de trigo especialmente amenazada por La Niña ni medir el efecto de este fenómeno sobre el precio del cereal. Presentar esa relación como automática sería engañoso.
El café y el cacao: mercados que deben analizarse por separado
El café y el cacao plantean otra pregunta: ¿cómo pueden transmitirse las alteraciones climáticas que afectan a los territorios agrícolas a los productos transformados y vendidos a los consumidores? Su presencia en nuestra alimentación cotidiana hace que esta cuestión sea muy concreta.
Sin embargo, no contamos aquí con datos suficientemente precisos para cuantificar el efecto específico de La Niña sobre estos dos mercados ni para identificar con certeza las regiones más expuestas. Por ello, hay que distinguir su posible vulnerabilidad a los fenómenos climáticos de un aumento de precios efectivamente atribuible a La Niña.
Esta distinción no es un detalle. Una subida del precio del café, del cacao o del trigo no demuestra, por sí sola, un efecto de La Niña. Atribuir cada encarecimiento alimentario al fenómeno climático del momento impediría precisamente comprender qué corresponde a las cosechas, al abastecimiento y a otras tensiones económicas.
¿Por qué El Niño acapara tanta atención?
El Niño tiene una ventaja mediática evidente: su historia es fácil de contar. Su nombre procede de los pescadores peruanos que habían observado un calentamiento de las aguas del Pacífico alrededor de diciembre, acompañado de una disminución de sus capturas. Es un fenómeno reconocible, asociado desde hace tiempo a alteraciones climáticas.
También cuenta con evaluaciones económicas impresionantes. El CNRS menciona, entre otras, un estudio de la Universidad de Dartmouth publicado en la revista Science, que estima que el episodio de El Niño de 2023 podría costarle a la economía mundial hasta 3 billones de dólares de aquí a 2029.
Es una cifra enorme. Pero no demuestra en absoluto que La Niña resulte menos costosa. Describe un episodio de El Niño y no ofrece una comparación directa entre las dos fases climáticas.
Del mismo modo, analistas citados por Goldman Sachs contemplan un aumento de hasta el 15,8 % de los precios agrícolas y alimentarios mundiales hasta 2028 en un escenario de super El Niño. Esta proyección es condicional y se refiere a la fase cálida, no a La Niña. Utilizarla para calcular las consecuencias de la fase fría sería un error.
Este es precisamente el desequilibrio que merece nuestra atención: disponemos de cifras sobre El Niño ampliamente difundidas, mientras que la evaluación económica de La Niña parece menos presente en el debate público. Sin embargo, la ausencia de estadísticas igual de espectaculares no demuestra que no exista riesgo.
¿Cómo anticiparse a La Niña sin caer en predicciones alarmistas?
Lo primero que conviene vigilar es la evolución del ciclo ENSO. Las observaciones de las temperaturas del Pacífico y los análisis de los organismos meteorológicos son indicadores útiles para comprender los cambios de fase. Pero no deben confundirse con previsiones directas de los precios alimentarios.
Lo segundo es seguir las consecuencias agrícolas reales: las condiciones meteorológicas en las regiones productoras, la evolución de las cosechas y las posibles dificultades de abastecimiento. Solo relacionando estos elementos puede ganar relevancia un análisis económico.
Para los mercados, este enfoque implica no limitar el análisis a El Niño. Para las empresas dependientes de materias primas agrícolas, invita a estudiar varios escenarios en lugar de considerar el regreso de condiciones oceánicas más frías como garantía de estabilidad.
Para los consumidores, la prudencia es distinta. No sería razonable recomendar compras anticipadas de trigo, café o cacao únicamente por el anuncio de un episodio de La Niña. La información disponible no establece ni una subida segura ni un calendario preciso para estos productos.
Quizá el verdadero avance consista en cambiar nuestra forma de hablar de los riesgos climáticos. En vez de buscar sistemáticamente el acontecimiento más espectacular, deberíamos prestar más atención a cómo las anomalías recurrentes atraviesan los sistemas agrícolas y económicos. La Niña nos recuerda que un fenómeno discreto puede merecer una vigilancia considerable, aunque todavía haya que precisar su peligrosidad exacta.
Preguntas frecuentes
¿Por qué La Niña podría tener un impacto económico mayor que El Niño?
Los economistas Gilles Dufrénot, William Ginn y Marc Pourroy estudiaron los efectos económicos de las dos fases ENSO. Sus trabajos, presentados por el CNRS, sugieren que La Niña podría tener consecuencias más intensas, especialmente sobre los precios alimentarios. Sin embargo, los mecanismos exactos de esa diferencia no están suficientemente detallados como para convertirla en una regla general.
¿Qué productos alimentarios y qué regiones están más expuestos?
Las alteraciones climáticas vinculadas a ENSO pueden afectar a distintas producciones agrícolas en todo el mundo. El trigo, el café y el cacao merecen especial atención al estudiar los precios alimentarios, pero la información disponible no permite clasificarlos según su exposición específica a La Niña. Tampoco permite elaborar una lista fiable de las regiones más amenazadas.
¿Cómo pueden anticiparse los mercados y los consumidores a La Niña?
Vigilar las fases ENSO, las condiciones meteorológicas agrícolas y el abastecimiento constituye un enfoque pertinente. Sin embargo, ninguno de estos indicadores basta por sí solo para predecir el precio del trigo, del café o del cacao. Por tanto, los consumidores deben evitar interpretar el anuncio de La Niña como garantía de un aumento inminente de sus gastos.
¿Es La Niña sistemáticamente más peligrosa que El Niño?
No. Las investigaciones económicas citadas sugieren que La Niña podría tener un impacto mayor, pero no demuestran que cada episodio frío sea más costoso que cada episodio cálido. La intensidad de las alteraciones climáticas y sus consecuencias agrícolas pueden variar, por lo que cada situación debe examinarse individualmente.
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