La contaminación lumínica ya no procede únicamente de las farolas, los escaparates y las zonas urbanizadas. Desde 2019, se ha añadido una segunda capa sobre nuestras cabezas: los satélites en órbita terrestre baja, entre los que Starlink constituye hoy la flota más visible y numerosa. Para el observador aficionado, el cambio ya no consiste solamente en buscar un lugar oscuro en tierra: también hay que contar con lo que atraviesa el cielo.

Cuando se habla de contaminación lumínica, las cifras muestran de inmediato la magnitud del cambio. Antes de los primeros lanzamientos de Starlink, había unos 2.200 satélites activos en 2019. En 2026, Orbital Radar contabiliza más de 18.000 satélites en órbita. Y, a 6 de septiembre de 2026, el seguimiento de azmth muestra por sí solo 11.088 satélites Starlink. Dicho de otro modo, la constelación Starlink actual representa por sí sola aproximadamente cinco veces el número total de satélites activos registrados en 2019, aunque ambos recuentos no se basan exactamente en la misma definición.

De 2.200 satélites a más de 18.000: lo que realmente ha cambiado

La ruptura es reciente. Starlink empezó a lanzarse en 2019 y sus satélites se desplazan principalmente en órbita terrestre baja, a unos 550 km de altitud. Se hacen visibles cuando reflejan la luz del Sol. Los famosos «trenes» recién desplegados son especialmente brillantes, pero este efecto tan espectacular solo dura unos días después del lanzamiento; los satélites en fase operativa son claramente menos luminosos.

¿Puede responderse entonces con precisión a la pregunta: «¿Cuántos satélites atraviesan cada noche el cielo sobre Francia?» No, no con una única cifra seria. Los datos disponibles indican el tamaño de las flotas en órbita, no un número nacional de pasos visibles por noche. La visibilidad depende del lugar exacto, la hora, la geometría entre el Sol, el satélite y el observador, y la fase de despliegue de los aparatos. Del mismo modo, no existe aquí una serie comparable entre 2016 y 2026 para Francia. Dar una cifra del tipo «hace diez años frente a hoy» sería, por tanto, inventar una precisión que no existe.

En cambio, el orden de magnitud orbital es inequívoco: se ha pasado de unos 2.200 satélites activos en 2019 a más de 18.000 satélites en órbita en la actualidad, con una proyección que podría alcanzar los 30.000 satélites de aquí a 2030. Para quien fotografía el cielo u observa durante mucho tiempo la misma zona, esto significa mecánicamente más oportunidades de ver aparecer una trayectoria artificial.

Francia: el 85 % del territorio ya está fuertemente afectado por la luz terrestre

Incluso antes de añadir los satélites, el cielo francés ya estaba lejos de ser uniformemente negro. En 2020, el Observatorio Nacional de la Biodiversidad estimaba que el 85 % de la Francia metropolitana estaba sometido a un nivel de contaminación lumínica alto o muy alto en plena noche.

Para comparar lugares, el indicador más útil es la luminancia cenital, expresada en mag/arcsec², utilizada por la cartografía del Observatorio Nacional de la Biodiversidad en condiciones de referencia: plena noche, cielo despejado y sin Luna. La ANPCEN completa este enfoque con mediciones de campo realizadas desde hace más de quince años en numerosos puntos del territorio.

En cambio, conviene ser prudente con clasificaciones del tipo «las diez ciudades francesas con el cielo más contaminado». Los datos disponibles aquí no ofrecen una clasificación cuantificada ciudad por ciudad ni una pérdida de magnitud estelar identificada por región. Por tanto, sería engañoso afirmar que una ciudad concreta pierde tantas magnitudes o que otra es oficialmente la mejor de Francia.

El mapa correcto no es el que promete una clasificación espectacular, sino el que permite comparar el mismo indicador, en las mismas condiciones, entre varios puntos concretos.

El método más fiable para comparar dos ciudades o dos regiones

  • Abrir un mapa de contaminación lumínica del ONB, de la ANPCEN o de una herramienta como lightpollutionmap.app.
  • Localizar el domicilio y después varias zonas accesibles a su alrededor.
  • Comparar los valores de luminancia cenital en lugar del simple color del mapa.
  • Elegir un punto claramente más oscuro que el lugar habitual, sin buscar necesariamente un sitio «perfecto».
  • Para una comparación honesta, mantener las mismas condiciones: cielo despejado, ausencia de Luna y plena noche.

Este método no ofrece un podio nacional sin utilidad, pero responde a la verdadera pregunta de un observador: «¿Adónde me conviene ir esta noche para mejorar realmente la calidad del cielo?»

Guía práctica para encontrar un cielo más oscuro cerca de casa

Un particular, evidentemente, no puede actuar sobre los miles de satélites que ya están en órbita. En cambio, puede reducir considerablemente las molestias que sufre eligiendo mejor el lugar y el momento de observación.

1. Empezar por la contaminación lumínica terrestre

El primer paso consiste en abandonar la zona accesible más luminosa. Utilizar un mapa del ONB, de la ANPCEN o lightpollutionmap.app permite identificar los sectores donde la luminancia del cielo es menor. El objetivo no es necesariamente recorrer cientos de kilómetros: a veces, la mejora útil consiste simplemente en pasar de una zona muy iluminada a otra menos expuesta.

2. Comprobar después los pasos de satélites

Antes de una sesión de observación o astrofotografía, servicios como Find Starlink y Heavens-Above permiten prever los pasos según la posición geográfica del usuario. azmth permite seguir en directo la flota Starlink, con datos de CelesTrak actualizados cada dos horas.

Esta comprobación resulta especialmente útil cuando acaba de lanzarse un tren Starlink, porque esos satélites son entonces mucho más brillantes durante unos días. Una vez integrados en su órbita operativa, siguen presentes, pero son menos luminosos.

3. Observar en las mismas condiciones que los mapas

Para juzgar si un lugar es realmente mejor que otro, hay que evitar comparar una noche con Luna con una noche sin Luna. Los mapas de referencia del ONB utilizan un cielo despejado, sin Luna y en plena noche. Reproducir estas condiciones lo mejor posible hace que la comparación sea mucho más significativa.

El verdadero cambio: observar se convierte en planificar

Hace solo unos años, buscar un cielo oscuro consistía sobre todo en alejarse de los halos urbanos. En 2026, ese reflejo ya no basta: un cielo oscuro desde tierra puede seguir siendo atravesado por objetos artificiales en órbita baja.

Probablemente sea el cambio más concreto para el aficionado. El problema no es que un satélite sea visible de vez en cuando, un fenómeno antiguo, sino que la densidad orbital obliga ahora a plantear una sesión de observación en dos capas: la luz producida en tierra y las trayectorias luminosas en el cielo.

Esta evolución explica por qué la preservación del cielo nocturno figura en el orden del día de la Cumbre Internacional sobre el Espacio organizada en París los 9 y 10 de septiembre de 2026. Francia ya regula las emisiones de luz artificial en tierra mediante el Código del Medio Ambiente y un decreto de 2022 sobre iluminación exterior. Pero la saturación luminosa procedente de la órbita plantea una cuestión distinta, que no se resuelve simplemente apagando una farola.

La cifra que conviene recordar es, por tanto, doble: el 85 % de la Francia metropolitana ya estaba fuertemente o muy fuertemente afectado por la contaminación lumínica terrestre en 2020, mientras que el número de objetos en órbita se ha disparado en pocos años. Para volver a encontrar un cielo realmente interesante, el mejor reflejo es ahora muy concreto: primero un mapa de contaminación lumínica, después el seguimiento de los pasos de satélites y, por último, observar en condiciones comparables.