Cadmio en la pasta: ¿cuánto se puede comer sin excederse?
El cadmio en la pasta preocupa porque un producto puede respetar el límite reglamentario y, aun así, contribuir de forma nada despreciable a la exposición total. La investigación de 60 Millions de consommateurs publicada a finales de agosto de 2026 analizó 36 referencias: ninguna superaba el límite europeo de 0,18 mg/kg aplicable al trigo duro, pero se detectó cadmio en la gran mayoría de los productos.
Para entender lo que significa realmente el cadmio en la pasta, lo adecuado no es limitarse a comprobar si un paquete es «conforme». Hay que relacionar su contenido con la dosis diaria tolerable adoptada por la Anses, es decir, 0,35 microgramos por kilogramo de peso corporal y por día. Este valor permite convertir una concentración en una cantidad de pasta teóricamente consumible.
El cálculo útil: ¿cuántos gramos por semana?
La dosis diaria tolerable de 0,35 µg/kg/día equivale a 2,45 µg por kilogramo de peso corporal a lo largo de una semana. Una pasta que contiene 0,071 mg/kg de cadmio contiene, tras convertir las unidades, 0,071 µg por gramo.
El cálculo es entonces sencillo: cantidad semanal teórica de pasta en gramos = 2,45 × peso del consumidor ÷ contenido de cadmio de la pasta expresado en µg/g.
Con los espaguetis integrales Barilla medidos en 0,071 mg/kg, el nivel más alto de la comparativa, esto equivale a unos 34,5 g de pasta por kilogramo de peso corporal y por semana. Con los penne integrales de la misma marca, medidos en 0,066 mg/kg, el resultado sube a unos 37,1 g/kg de peso corporal por semana.
Estas cifras son límites puramente teóricos: suponen que la pasta aporta por sí sola toda la cantidad tolerable de cadmio. Sin embargo, la Anses estima que, entre los no fumadores, el 98 % de la exposición al cadmio procede de la alimentación. Dicho de otro modo, el «presupuesto» semanal no está reservado a la pasta: se comparte con todo lo que comemos.
Niño o adulto: el peso cambia directamente el resultado
En los datos disponibles no existe un peso estándar de ración ni un único peso corporal que represente a «un niño» o «un adulto». Dar un número universal de porciones sería, por tanto, engañoso. En cambio, la fórmula permite hacer un cálculo inmediato con el peso real de la persona.
- Para los espaguetis a 0,071 mg/kg: multiplique el peso corporal por 34,5 para obtener el número máximo teórico de gramos por semana.
- Para los penne a 0,066 mg/kg: multiplique el peso corporal por 37,1.
- Para convertir después el resultado en porciones, divídalo por el peso habitual de su propia ración.
Esto explica por qué los niños merecen una atención especial: con la misma concentración, una persona más ligera alcanza su dosis tolerable con una cantidad absoluta de alimento menor. El estudio EAT3 publicado por la Anses en febrero de 2026 indica además que entre el 23 % y el 27 % de los niños superan la dosis diaria tolerable, frente al 1,4 %–1,6 % de los adultos.
Cumplir la norma no significa poder comer sin límite
El límite europeo de 0,18 mg/kg para el trigo duro es muy superior al máximo de 0,071 mg/kg medido en esta comparativa. Pero ambas cifras no responden a la misma pregunta. El límite reglamentario se refiere a la concentración en un alimento; la dosis tolerable, a la exposición de una persona en función de su peso.
Si se aplica el mismo cálculo a una pasta que contuviera exactamente 0,18 mg/kg, el límite teórico bajaría a unos 13,6 g de producto por kilogramo de peso corporal y por semana, siempre suponiendo que ese alimento aportara por sí solo todo el cadmio tolerable. Esta comparación muestra por qué la conformidad de un producto no basta por sí sola para definir una frecuencia de consumo.
Pasta integral, blanca o ecológica: ¿qué se puede concluir realmente?
Los dos contenidos más altos cuantificados en la comparativa corresponden a pastas integrales Barilla: 0,066 mg/kg para los penne rigate integrales y 0,071 mg/kg para los espaguetis integrales. Es una señal que conviene observar, pero no una prueba de que toda la pasta integral contenga sistemáticamente más cadmio que la pasta blanca.
Tampoco existe, en los resultados disponibles, una comparación cuantificada que permita afirmar que la pasta ecológica expone a más o menos cadmio. Por tanto, el precio o la marca no bastan para predecir el contenido. Una responsable de 60 Millions de consommateurs destaca más bien la posible importancia de la zona de cultivo del trigo duro, aunque la información publicada no permite extraer una regla general aplicable paquete por paquete.
La actitud correcta: no convertir un resultado puntual en una regla general. Dos referencias integrales encabezan la comparativa, pero eso no permite etiquetar toda la pasta integral o ecológica como «más contaminada».
¿Hay que eliminar la pasta? No: es mejor reducir la exposición global
Eliminar por completo la pasta no es lo que sugieren los datos. Más de dos tercios de los franceses la comen al menos una vez por semana y el consumo medio fue de 9,3 kg por persona en 2025. La vía más realista consiste en evitar que un mismo alimento represente una parte demasiado importante de la exposición total.
El doctor Pierre Souvet menciona especialmente tres opciones: variar la alimentación, sustituir ocasionalmente la pasta por garbanzos y vigilar las carencias de hierro. Sin embargo, los datos disponibles no ofrecen una tabla cuantificada que compare el cadmio del arroz, las patatas, las legumbres u otros alimentos ricos en almidón. Por tanto, sería abusivo clasificarlos aquí del «mejor» al «peor».
En la práctica, la pauta más sólida es la siguiente:
- consultar el contenido medido cuando se conozca, en lugar de fiarse únicamente de las menciones «ecológico», «integral» o del precio;
- razonar en función del peso del consumidor, sobre todo si se trata de un niño;
- evitar dedicar todo el presupuesto tolerable de cadmio a un solo alimento;
- alternar los alimentos ricos en almidón y las fuentes alimentarias en lugar de comer siempre la misma referencia;
- tener presente que la exposición se construye con el tiempo, porque el cadmio se acumula especialmente en los riñones y los huesos y se elimina muy lentamente.
Lo que realmente cambian las cifras
La investigación sobre la pasta resulta útil menos porque revele la presencia de cadmio —ya conocida como problema alimentario— que porque recuerda la diferencia entre un límite fijado para un producto y una dosis tolerable para una persona. Son dos referencias distintas.
Por tanto, la interpretación más razonable no es ni «no hay peligro porque todo cumple la norma» ni «hay que dejar de comer pasta». Para una referencia concreta, se puede convertir el contenido en gramos semanales por kilogramo de peso corporal y considerar después esa cantidad como un límite teórico que aún debe dejar margen para otros alimentos. Esta lógica de diversificación cobra especial sentido en los niños, que en EAT3 ya son más numerosos en superar la dosis tolerable.
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