Cómo China priva a África de sus burros y de sus ingresos
La demanda china de ejiao, una gelatina elaborada con pieles de burro, impulsa un comercio mundial que amenaza los medios de vida de las poblaciones rurales africanas. Según el Institute for Security Studies, cada año se sacrifican unos 5,9 millones de burros en todo el mundo para satisfacer esta demanda. En febrero de 2024, la Unión Africana decidió prohibir el sacrificio de burros por su piel para proteger un recurso económico esencial.
Este comercio cuenta una historia mucho más amplia que la de un animal amenazado. Revela cómo una materia prima casi invisible en las estadísticas económicas de los países ricos puede volverse indispensable para un mercado internacional, hasta el punto de desestabilizar comunidades enteras. Cuando desaparece un burro de una aldea africana, no se pierde únicamente un animal: a veces desaparecen a la vez un medio de transporte, una fuerza de trabajo agrícola y parte de los ingresos familiares.
¿Por qué China necesita millones de pieles de burro?
La respuesta está en un producto llamado ejiao. Esta gelatina extraída de la piel de burro forma parte de la farmacopea tradicional china desde la dinastía Tang. Tradicionalmente se utiliza contra el cansancio, los mareos, la tos seca o determinadas hemorragias irregulares. Sin embargo, estos usos históricos no demuestran científicamente su eficacia terapéutica, que sigue siendo objeto de debate.
El producto adquirió una nueva dimensión con el aumento del nivel de vida en China y su difusión en los medios. Según el South African Institute of International Affairs, su aparición en la serie china Empresses in the Palace, emitida en 2011, contribuyó especialmente a aumentar su popularidad.
El resultado económico es espectacular. Según las cifras recogidas por The Conversation, el mercado chino del ejiao pasó de 3.200 millones de dólares en 2013 a 7.800 millones en 2020. En 2023, su precio podía alcanzar los 783 dólares estadounidenses por kilogramo.
Por tanto, ya no se trata simplemente de un preparado tradicional destinado a una clientela reducida. Es un mercado de gran valor, sostenido por una demanda masiva y una materia prima animal cuya oferta no puede crecer tan deprisa como las ventas.
Cuando los recursos chinos dejan de ser suficientes
China contaba antiguamente con una gran población de burros, pero esta se ha reducido considerablemente. Según los datos citados por Brooke África Occidental, habría pasado de 11 millones a unos 2 millones de animales.
Hacia 2010, la oferta nacional ya no bastaba para cubrir las necesidades del sector. Por ello, las empresas empezaron a buscar pieles en otros lugares, especialmente en África.
Este desplazamiento geográfico es el núcleo del problema: la escasez en un mercado nacional se convirtió en presión económica sobre los animales de trabajo de otro continente.
¿Por qué África se convirtió en la principal reserva de esta industria?
África alberga la mayor población de burros del mundo. Según The Conversation, de los aproximadamente 53 millones de burros contabilizados en el mundo en 2020, casi dos tercios vivían en este continente.
Pero esta aparente abundancia oculta una diferencia fundamental de uso. Para la industria del ejiao, el burro representa principalmente una piel que puede transformarse en gelatina. Para una familia rural africana, el mismo animal es un medio de producción utilizado durante toda su vida.
Transporta agua, cosechas y mercancías. Ayuda en las labores agrícolas y reduce el esfuerzo humano necesario para los desplazamientos cotidianos.
Esta oposición genera una auténtica contradicción económica. El mercado internacional paga por la desaparición del animal, mientras que la economía local depende de su presencia.
Según el Institute for Security Studies, 158 millones de africanos consideran los burros un activo económico importante. Esta dependencia significa que la venta de una piel puede tener consecuencias que van mucho más allá del valor de la transacción.
¿Cómo empobrece a una familia la pérdida de un burro?
Para entender el mecanismo, basta imaginar una pequeña empresa que pierde de repente su vehículo de trabajo. Las mercancías dejan de transportarse con facilidad, algunas actividades se encarecen y aumenta el tiempo dedicado al transporte.
En las zonas rurales africanas, las consecuencias pueden ser aún más directas. Según un estudio de la organización Brooke, perder un burro puede provocar una caída del 30 al 40 % de los ingresos familiares anuales.
La pérdida no es solo económica. Cuando desaparece el transporte animal, las tareas deben redistribuirse entre los miembros del hogar. El Institute for Security Studies destaca que las mujeres y los niños se ven especialmente afectados por este aumento del trabajo físico.
En particular, las niñas pueden tener que asumir más tareas domésticas, en detrimento de su escolarización. La falta de un animal de transporte puede desencadenar así una cadena de efectos: más cansancio, menos tiempo disponible, menores ingresos y un acceso a la educación más precario.
A menudo se habla de la globalización como un fenómeno que desplaza fábricas y empleos. Aquí desplaza indirectamente la carga de trabajo. Un producto vendido en un mercado lejano puede traducirse en horas adicionales de transporte manual para una mujer o una niña.
La trampa del coste de reposición
El aumento de la demanda internacional también eleva el precio de los animales. En Burkina Faso, según la información obtenida por Banfora.org de Brooke África Occidental, el precio de un burro pasó de 30.000 a 120.000 francos CFA.
Por tanto, el precio se multiplicó por cuatro. Para un hogar pobre al que le han robado el animal, reemplazarlo resulta mucho más difícil.
Esta subida ilustra un mecanismo económico especialmente destructivo: el recurso se encarece precisamente cuando quienes dependen de él disponen de menos medios para conservarlo o sustituirlo.
¿Cómo funciona una cadena comercial tan poco visible?
El comercio de pieles no se basa únicamente en transacciones directas entre criadores africanos y compradores chinos. También intervienen intermediarios, movimientos transfronterizos y redes ilegales.
En África Occidental, las rutas descritas por Banfora.org pasan especialmente por Níger, Nigeria y Malí, atraviesan Burkina Faso y llegan a Ghana o Togo antes de la exportación a China.
Estos itinerarios dificultan el control de los animales y de su procedencia. La demanda también fomenta los robos cuando los animales llegan a ser suficientemente rentables para los traficantes.
La magnitud exacta del comercio sigue siendo difícil de determinar. Algunas estimaciones hablan de unos tres millones de pieles importadas anualmente por China, mientras que el Institute for Security Studies calcula que cada año se sacrifican 5,9 millones de burros en todo el mundo para producir ejiao. Estas cifras no necesariamente abarcan el mismo ámbito y, por tanto, no deben confundirse.
Esta falta de visibilidad estadística constituye en sí misma parte del problema. Una cadena comercial puede atravesar varios países sin que las pérdidas económicas sufridas por las poblaciones locales se reflejen claramente en el valor final del producto.
¿Por qué todavía no basta con la prohibición africana?
En febrero de 2024, durante la 37.ª cumbre de la Unión Africana en Adís Abeba, los Estados africanos aprobaron la prohibición de sacrificar burros por su piel. Según el South African Institute of International Affairs, la medida pretende preservar una población continental estimada en 33 millones de animales.
La movilización continuó durante la conferencia panafricana dedicada a los burros, celebrada en Abiyán en junio de 2025. Más de quince países respaldaron entonces una moratoria dentro de una estrategia continental para el periodo 2026-2035, según la información difundida por LFP Cheval.
Sin embargo, adoptar una decisión política no garantiza su aplicación uniforme. Las diferencias normativas entre países y la permeabilidad de las fronteras facilitan la continuidad del tráfico.
Burkina Faso ofrece un precedente ilustrativo: un decreto ya regulaba el sacrificio y la explotación de burros en 2016, pero el fenómeno resurgió en 2019, según Banfora.org.
Una respuesta eficaz exigiría controles coordinados, trazabilidad de los animales y las pieles, y cooperación entre países de tránsito y exportación. También podría implicar a las plataformas comerciales que distribuyen productos que contienen ejiao.
Varias organizaciones piden a Alibaba, Amazon y eBay que retiren estos productos de sus catálogos, mientras que una petición de The Donkey Sanctuary ha superado el millón de firmas, según LFP Cheval.
Lo que este caso revela sobre nuestra idea de riqueza
La historia de las pieles de burro ilustra una profunda limitación de ciertas cadenas globalizadas: saben asignar un precio a una materia prima, pero les resulta mucho más difícil valorar todos los servicios que prestaba antes de su extracción.
Una piel tiene un valor comercial inmediatamente identificable. En cambio, los años de transporte, trabajo agrícola y tiempo ahorrado gracias a un animal vivo no aparecen directamente en el precio pagado por el comprador final.
Precisamente esta diferencia hace que el sector sea tan revelador. Una industria puede generar un valor considerable en un extremo del planeta y destruir capacidad productiva en el otro, sin que esa destrucción se incorpore al precio del producto.
La cuestión, por tanto, va más allá del comercio de burros. Afecta a todos los recursos cuya utilidad local supera su valor de reventa inmediato. Cuando los intercambios internacionales ignoran esa función invisible, suelen ser las poblaciones con menor capacidad para absorber el impacto quienes sufren las consecuencias.
Proteger a los burros africanos no significa únicamente preservar una especie doméstica: también supone defender una infraestructura económica rural que el mercado mundial no sabe valorar adecuadamente.
Preguntas frecuentes
¿Por qué China importa tantas pieles de burro?
Las pieles se utilizan para fabricar ejiao, una gelatina empleada en la medicina tradicional china. La fuerte demanda y la reducción de la población de burros en China llevaron a los productores a buscar suministros en el extranjero, especialmente en África.
¿Qué consecuencias tiene este comercio para las familias africanas?
La pérdida de un burro priva a algunas familias de un medio esencial de transporte y trabajo agrícola. Según un estudio de Brooke, puede reducir entre un 30 y un 40 % sus ingresos familiares anuales y aumentar el esfuerzo físico de mujeres y niños.
¿Está prohibido el comercio de pieles de burro en África?
La Unión Africana aprobó en febrero de 2024 una prohibición continental del sacrificio de burros por su piel. Sin embargo, su aplicación sigue siendo desigual, especialmente por las diferencias normativas y las dificultades para controlar las fronteras.
¿Cómo podría regularse mejor este sector?
Una regulación más eficaz requeriría una mayor coordinación entre Estados, controles del transporte transfronterizo y trazabilidad de las pieles. Actuar sobre la distribución de productos elaborados con ejiao también podría limitar las salidas comerciales del tráfico ilegal, siempre que se acompañe de medidas para proteger los ingresos de las comunidades rurales.
Fuentes
- China importa millones de pieles de burro de África cada año: un nuevo libro analiza las causas y el impacto (theconversation.com)
- Por qué la Unión Africana detuvo el comercio de pieles de burro con China (saiia.org.za)
- Importaciones chinas de pieles de burro desde África: causas e impacto (newsminimalist.com)
- Tráfico de pieles de burro: África se enfrenta a un comercio mundial destructivo... (lfpcheval.fr)
- La prohibición de la UA del terrible comercio de pieles de burro (issafrica.org)
- Tráfico de burros: «Si se permite que continúe este comercio...» (banfora.org)
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